28 de enero de 2017

Sal de mi cabeza

Esta mañana me he levantado con un pitido en el oído que aún me dura. El día anterior, ni conciertos, ni discotecas, ni música a todo trapo en el ipod. Me he acojonado un poco porque sé que hay gente que le pasa y lo escucha para toda la vida. Con lo que me gusta el silencio. A ver si a la hora de dormir ya no lo oigo sino me va a costar y me estresaré más. 

Quizá esté somatizando todo de manera muy bestia. Si esta semana me he decidido a relajarme un poco de la dependencia emocional por EsaChica y pasar más del trabajo, hoy he tomado la determinación de que sí voy a tomarme la vida más zen, porque no puedo pasar de taquicardias, a dolores de estómago/pérdida el apetito, a contracturas en los cartílagos interscostales (flípalo) a pitidos en el oído. ¿Qué será lo próximo? De momento ya me he casacado la botellita entera de Passiflora, así que entre esto, que me están alimentando  los tuppers de mi padre y que no quiero más dramas en mi vida, esta semana está siendo de relanzamiento y no quiero recaer.

¡ACTITUD!

También estoy más contenta porque creo que he llegado a tiempo antes del bajón máximo: empecé a leer a trozos un libro de autoayuda (por cierto, gracias por las recomendaciones en el post anterior), y me he aburrido, es decir, me he dado cuenta que realmente (de momento) no lo necesito, quizá algún pasaje suelto para distraerme si volviera la ansiedad (que no ha vuelto en plan destroyer, sólo pequeñas oleadillas).

Pues nada... ahora sólo hace falta: 
- dormir más
- Retomar el deporte
- Bajar la adicción internáutica

Como cuesta la vida, hijas.



7 comentarios:

  1. Sobre la ansiedad no te puedo decir nada diferente a lo que sabes y te he dicho. Vendrán mejores vientos, paciencia.

    Solo te puedo decir que a mí esta semana me han dado la peor noticia que me han dado en mi vida. Con muchísima diferencia. Una semana que no sea la deseo ni a mi peor enemigo, y mira que algun@ tiene papeletas. Y nos queda mucho aún, pero ¿Sabes qué? En el fondo, hasta hemos tenido suerte, Nosu.

    Sé que cada uno ve lo suyo. Pero te hablo de mi ejemplo. Hace un mes estaba hundida en la miseria por una nota de examen. En ese momento sentí que no podía haber nada peor en el mundo. Me equivoqué. Vaya si lo hice. La vida se encargó de darme una hostia de realidad que me dijo: "López, espabílate. La vida es otra cosa". Sin más.

    No te tomes a mal lo que te digo, pero sé como te sientes. A veces viene algo que de repente hace que todo cobre sentido. Y estoy convencida de que todo absolutamente (o casi) tiene solución.

    Te mando mucho ánimo y fuerza. Y conste que te lo dice la más pesimista de toda Asturias. Un beso.

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    1. Se dice que todo tiene solución menos la muerte. Sí, hay cosas peores, eso puede consolarnos, pero no debe impedir que sintamos nuestro dolor, cada una a su nivel. Lo importante es no estancarse en ese dolor (emocional).

      A mí también me ha pasado, te preocupas por cosas que luego, cuando te sucede algo que realmente sí te cambia la vida, o la de los tuyos, ves realmente qué tiene importancia y qué no. De vez en cuando la vida nos da un recordatorio de éstos para que abramos los ojos.

      No queda más remedio que seguir luchando, hasta que el cuerpo aguante. ¡Mucho ánimo y fuerza con lo tuyo.

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  2. Exacto! tomar las riendas de tu vida y empezar a controlar cosas fundamentales para la ansiedad como es el dormir más y el hacer deporte. Te recomiendo este texto (cortito y rapidito de leer).
    A mí, junto con Jamiroquai y Fangoria, me ayudaron a controlar mucho XD: http://www.cop.es/colegiados/b-00085/escritos/historias/circulos.HTML

    "Pero cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate."

    Mucho ánimo

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    1. Ahora le doy un vistazo. Fangoria, Luz, y muchos más, son mis piedras angulares en malos momentos y buenos. La música me ha salvado tantas veces....

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    2. ah! y gracias por volver :D

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  3. Ese pitido en el oído se llama tinnitus y es realmente molesto. Yo tengo desde hace casi 30 años. Se supone que es una cosa que pasa a la gente mayor, pero es que yo siempre he sido muy precoz. En un principio, no podía con ellos (los tengo en los dos oídos) y no dormía, ni descansaba en todo el día. Estuve así tres meses, absolutamente desesperada. Me hicieron una prueba de potenciales cerebrales, pero no descubrieron nada. Pero poco a poco me he ido adaptando a ellos. No se curan, así que el silencio que yo tanto apreciaba nunca más lo he vuelto a tener. Lo que si te puedo decir es que te acostumbras a ellos. Dejan de ponerte nerviosa. Si quieres los oyes y si no, no los oyes. Aunque la parte más negativa es que a veces se activan más y me molestan porque me cuesta dejar de oírlos. La tensión alta los estimula. El silencio, silencio, nunca más, como te he dicho antes, pero el nuevo silencio parece igual que el antiguo. Eso sí, las habitaciones enmoquetadas o las salas de grabación son inaguantables porque lo que impera es el pu… pitido. En los conciertos, así de cutre, un trozo de pañuelo de papel (porque si me pongo unos tapones oigo los pitos) que amortigua un poco el sonido alto de la música.
    El estrés, el nerviosismo, la angustia y todas estas porquerías que llevamos dentro lo acentúan también.

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    1. Duró dos-tres días, creo que ahora es imperceptible. Pero me asusté por eso, porque no lo quiero para siempre... es posible acostumbrarse, (no queda otra), adaptarse o morir... (si me oyera Darwin).
      En fin, que me planteo tapones para ir a conciertos a partir de ahora, o papel. Me da miedo una sobreestimulación y que aparezca de nuevo

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